Cómo criar hijos que no se rinden nunca
Fortaleciendo la mente y el corazón a través de la tecnología

Luis Rollón
Mar 05, 2025
Tiempo de lectura: 5 mins

1. Cuando todo explota
No sé si te ha pasado alguna vez: Tu hijo jugando solo. Concentrado. Lo que algunos llaman “en estado de flujo”.
No quieres interrumpirle (porque eso es lo que recomiendan los que saben). Lo observas. Disfrutas viendo cómo pone todo su empeño en construir una torre con piezas de Lego. Pero de repente, la torre se tambalea. Cae. Golpea el suelo. Decenas de piezas esparcidas por el suelo.
Su cara cambia. En medio segundo pasa de un estado de concentración a un estado de furia. Pega un manotazo a las pocas piezas que quedaban cerca de él y abandona el juego enfadado.
¿Qué haces?
¿Lo consuelas?
¿Le quitas importancia a la situación?
¿Te sientas con él y lo ayudas?
Esta situación es totalmente normal. Ya sabemos que su cerebro todavía no está preparado para controlar sus emociones. No sabe gestionar la frustración. Si pensamos en nosotros mismos, tal vez podamos preguntarnos: ¿Y nosotros? ¿Sabemos tolerar la frustración? ¿Cómo podemos exigírselo a ellos si muchas veces nosotros no somos capaces de controlar nuestras emociones?
Aunque nosotros no seamos capaces, queremos que ellos sí lo sean. Y no es malo. Queremos que nuestros hijos sean mejores que nosotros. Más inteligentes. Más maduros. Más felices. Más responsables. Con más autocontrol.
¿Cómo se consigue esto? Como cualquier cosa en la vida: Practicando.
2. Alguien que no se rinde es alguien que no puede ser vencido
Imagina que tienes ante ti al genio de la lámpara maravillosa. Es un genio diferente al que conocemos. No te va a conceder tres deseos. Te va a dar la posibilidad de elegir una virtud para tu hijo. Generosidad, gratitud, humildad, optimismo, inteligencia…
Hay muchísimas donde elegir. Y es una gran responsabilidad para ti. ¿Cuál eliges?
Para elegirla, seguramente tendrás que preguntarte antes: ¿Qué quiero para mi hijo? Y tal vez la respuesta sea: “Que tenga éxito”. Éxito entendido de forma totalmente personal. Lo que para alguien puede ser éxito para otra persona puede ser todo lo contrario.
Podríamos decir que queremos que consigan lo que se propongan, que si han definido una meta o un objetivo en su vida sean capaces de conseguirlo ¿no?
Pues para mí, y esto es algo muy personal, existe una virtud que es la que más te acerca a conseguir tus objetivos: NO RENDIRTE.
Tener esa capacidad de volver a intentarlo, de no huir del error, de encontrar dentro de ti la fuerza para seguir adelante. Si pudiera elegir algo para mi hijo, sería eso.
Evidentemente todos queremos que nuestros hijos sean felices. Pero también sabemos que la felicidad no se construye solo con logros, sino con resiliencia, autoestima y sentido de propósito.
Parece, aunque yo no estoy de acuerdo, que cada generación tiene menos ganas de trabajar duro. Así que una pregunta que yo me he hecho varias veces es: ¿Cómo podemos conseguir fomentar el valor del esfuerzo en nuestros hijos?
Y aquí es donde entra la tecnología. Porque, aunque muchas veces la vemos como un enemigo, usada con intención y acompañamiento, puede convertirse en una herramienta poderosa para construir carácter, mente y corazón.
Este artículo no es sobre pantallas. Es sobre cómo ayudar a nuestros hijos a creer en sí mismos, a fallar sin rendirse, a crecer cada vez que se enfrentan a algo que no entienden, usando la tecnología como una herramienta más.
3. La importancia del esfuerzo y la autoestima
En un mundo lleno de estímulos rápidos y recompensas inmediatas, enseñar a los niños el valor del esfuerzo es un acto revolucionario. La capacidad de esforzarse —de seguir adelante cuando algo se complica, de intentar una y otra vez hasta que sale— es una de las habilidades más poderosas que un ser humano puede desarrollar.
No se trata solo de “trabajar mucho”, sino de comprender que todo aprendizaje profundo requiere paciencia, repetición y voluntad. Cuando un niño experimenta el proceso de esforzarse y finalmente lograrlo, se convierte en alguien más fuerte, más confiado y más preparado para la vida.
En alguna ocasión he escuchado a algún padre preguntando a otros futuros padres: ¿Qué prefieres que tu hijo sea guapo o que sea listo?
Esta es una pregunta frívola que no tiene mucho sentido. A menudo, el mundo recompensa lo superficial: el físico, los resultados rápidos, el talento aparente. Pero los padres y madres que miran más allá saben que el verdadero valor está en la actitud con la que se enfrentan a la vida. Que hay virtudes muchísimo más valiosas para cualquier niño. Y aun sabiendo que ser guapo o listo puede abrir muchas puertas, también es cierto que ser constante, trabajador y resiliente no te las abre, te permite atravesarlas incluso cuando están cerradas. ¿Y lo mejor? El esfuerzo no es una cualidad con la que se nace: se enseña, se entrena y se contagia.
Por otro lado, también es importante tener en cuenta el valor de la autoestima. Un niño con buena autoestima:
Tiene más confianza para enfrentarse a nuevos retos.
Se recupera con mayor facilidad de los fracasos.
Resiste mejor cualquier crítica.
Desarrolla relaciones más sanas con los demás.
Se siente merecedor de respeto y éxito.
Entendemos por tanto, que tanto la capacidad de esfuerzo como la autoestima son cualidades básicas para que nuestros hijos puedan alcanzar las metas que se propongan. Entonces, ¿cómo podemos apoyarnos en la tecnología para impulsarlos?
4. Mucho más que saber usar un ordenador
Cuando pensamos en enseñar tecnología a los niños, solemos centrarnos en las habilidades técnicas: programar, crear apps, entender la inteligencia artificial... Pero hay algo aún más poderoso que se desarrolla en paralelo y que muchas veces pasa desapercibido: el creer en uno mismo.
Aprender a dominar herramientas tecnológicas ayuda a los niños a sentir que son capaces de resolver problemas, de crear cosas útiles, de expresarse de forma nueva. Y esa sensación de “¡yo puedo!” es un regalo que se llevan para toda la vida.
Una de las ventajas del aprendizaje tecnológico es que los resultados se ven casi de inmediato. Una niña que empieza a programar en Scratch puede ver su personaje moverse en minutos. Un niño que usa Canva para diseñar una presentación descubre que puede comunicar sus ideas con fuerza. Esa inmediatez genera motivación, orgullo y confianza. Este progreso tan inmediato es gasolina para su motivación y curiosidad.
Además, muchas herramientas tecnológicas están diseñadas con niveles, retos, bloques o avances que hacen evidente el progreso, como si fueran juegos. Esto refuerza la sensación de logro y les permite avanzar mucho más rápido.
Si los acompañamos en este proceso podremos convertir a usuarios pasivos en creadores activos. Capaces de entender cómo funcionan las tecnologías que usan a diario y, lo más importante, cómo pueden utilizarlas para construir, comunicar, resolver problemas y transformar su entorno.
5. Del error al aprendizaje: una nueva forma de equivocarse
Muchos padres crecimos en entornos donde equivocarse era sinónimo de fallo, de castigo o de vergüenza. Sin embargo, en el mundo tecnológico, equivocarse no es el final, sino parte del proceso. Un código que no funciona no significa que “no sirvan para esto”, sino que algo puede mejorarse. Así, poco a poco, los niños desarrollan una tolerancia sana a la frustración y empiezan a enfrentarse a los desafíos con más seguridad.
Cada línea de código que no funciona, cada diseño que no sale como se esperaba, es una oportunidad para pensar, ajustar y volver a intentarlo. Es así como se desarrolla la creatividad, el pensamiento crítico y la resiliencia.
He visto varios casos de niños que en el colegio, bajo una enseñanza más “tradicional” se muestran muy inseguros de sí mismos. También he visto a estos mismos niños convertirse en auténticos solucionadores de problemas cuando entran en el mundo digital.
En el entorno tecnológico, cuando un niño se enfrenta por primera vez a un fallo (una app que no carga, un personaje que no responde, un programa que da un resultado inesperado) es probable que lo asuma con frustración. Lo mejor de todo es que estas reacciones no están grabadas a fuego: se pueden trabajar, moldear, transformar.
La tecnología, con sus constantes “prueba-error”, es un entrenamiento natural para ello. Cada bug, cada fallo, cada resultado inesperado es una oportunidad para enseñar algo mucho más importante que cualquier contenido: la actitud ante lo difícil.
Estos aprendizajes no se quedan en la pantalla: los acompañarán en la vida real, en su educación, sus relaciones y su futuro profesional.
6. Cómo impulsar a nuestros hijos a través de la tecnología
Si queremos utilizar la tecnología como una herramienta que nos permita fomentar la autoconfianza en nuestros hijos, existen algunas cosas que tenemos que tener en cuenta:
Propón proyectos que les interesen.
Esta es para mí la regla número 1. Sin ella todo lo demás no sirve. Los proyectos que inicies con ellos deben estar basados 100% en sus intereses. ¿Les gustan los animales? Ayúdales a hacer una presentación o una app con ideas para cuidar el planeta. ¿Son seguidores de Star Wars? Crea con ellos una aventura interactiva con los personajes de la saga. El vínculo emocional refuerza la implicación.
Selecciona herramientas adecuadas a su edad.
Existen plataformas adaptadas a cada etapa de desarrollo: desde juegos que enseñan lógica de programación a los más pequeños (como Scratch Jr), hasta entornos más avanzados para adolescentes como Unity o Arduino. Conocer y ofrecer las herramientas adecuadas puede marcar la diferencia entre frustración y entusiasmo.
Sé su acompañante, no su supervisor
No hace falta ser expertos. Basta con estar presentes, mostrar curiosidad, hacer preguntas o explorar juntos. Cuando como padres nos interesamos por lo que hacen nuestros hijos, estos se sienten validados y motivados. A veces, solo con estar cerca y observar cómo buscan soluciones por sí mismos ya estás reforzando su confianza.
Celebra los pequeños logros
No hace falta que creen un videojuego completo. No es necesario que sean el próximo Mark Zuckerberg. Si logran que un personaje salte, que su web tenga colores o son capaces de editar un vídeo, ya es motivo para celebrarlo.
7. Conclusión: Tecnología como trampolín emocional
Enseñar tecnología no solo abre puertas al futuro profesional de nuestros hijos. Les da herramientas para confiar en sí mismos, para desarrollar su voz, para afrontar desafíos y sentir que pueden con ellos. Es mucho más que aprender a programar o utilizar un ordenador: es descubrir que tienen el poder de crear, resolver, imaginar y construir cosas que antes solo soñaban.
Del “no lo entiendo” al “yo puedo” hay un camino, y muchas veces, ese camino empieza con un clic.
Y ese primer clic, esa chispa de curiosidad, suele encenderse gracias a alguien que creyó en ellos. Como madres y padres, tenemos el privilegio de ser esa chispa: de ofrecerles la oportunidad, de acompañarlos en sus primeros pasos, de celebrar sus pequeños logros y de recordarles, una y otra vez, que son capaces.
Porque al final, lo que les damos no es solo conocimiento: es confianza, autoestima y alas para volar.





