El futuro de mi hijo
No tengo ni idea de lo que viene. No sé como será el mundo en el que vivimos dentro de 5, 10, 15 años. Y aunque muchos gurús de la tecnología nos quieran vender que la Inteligencia Artificial acabará con nuestros empleos y que la única forma de salvarnos será definiendo una renta básica universal, en realidad nadie sabe lo que se nos viene encima. Nadie.

Luis Rollón
Jul 5, 2025
Tiempo de lectura: 5 mins

Lo que viene
No tengo ni idea de lo que viene. No sé como será el mundo en el que vivimos dentro de 5, 10, 15 años. Y aunque muchos gurús de la tecnología nos quieran vender que la Inteligencia Artificial acabará con nuestros empleos y que la única forma de salvarnos será definiendo una renta básica universal, en realidad nadie sabe lo que se nos viene encima. Nadie.
La tecnología está haciendo que cada vez los cambios se aceleren más. Facebook tardó 4 años y medio en llegar a los 100 millones de usuarios, Instagram 2 años y medio, TikTok solo tardó 9 meses, pero atención, ChatGPT consiguió llegar a 100 millones de usuarios EN 2 MESES.
¿Qué podemos entender a partir de este dato? Que cada día que pasa todo se acelera más y más.
Dos aspectos clave
No sé que coche tienes. Pero imagínate conduciéndolo. No por una carretera que conozcas, sino una en la que no hayas estado antes. Al fondo ves algo que se acerca hacia ti, pero no llegas a distinguir qué es lo que es. Al principio no parece muy grande pero a medida que se va acercando te vas dando cuenta de que es mucho más grande de lo que pensabas y viene directo hacia ti.
¿Qué harías en esta situación?
¿Te paras? Probablemente te arrolle.
¿Intentas encontrar un desvío para cambiar de carretera? No es seguro que te dé tiempo.
¿Atraviesas el arcén para apartarte de su trayectoria? Puede hacer lo mismo y chocar contra ti fuera de la carretera.
Esta situación ilustra perfectamente la incertidumbre ante el futuro tecnológico en el que se verán inmersos nuestros hijos.
Sobre este futuro, desde mi punto de vista, hay 2 aspectos importantes:
Nadie sabe lo que viene.
Venga lo que venga, viene a toda velocidad.
El sistema educativo actual
Hay algo que me inquieta especialmente como padre: el desfase entre la velocidad del cambio tecnológico y la lentitud con la que cambian las instituciones educativas. No culpo a los profesores. De hecho, tengo más de 40 años y todavía recuerdo con admiración a dos de ellos. Mis profesores del colegio Amor de Dios: Paco y Jorge. Y tengo una enorme cantidad de recuerdos con otros muchos, tanto del instituto como de la universidad.
No hablo de ellos, hablo del sistema. El sistema en sí es rígido, lento y muchas veces desconectado de lo que está ocurriendo en el mundo real. Los planes educativos se centran en el pasado, en lo que ha tenido valor hasta ahora, en lo que ha funcionado. No tienen en cuenta hacia donde vamos ni como serán las cosas a partir de ahora.

“Patino hacia donde va a estar el disco, no hacia donde ha estado" — Wayne Gretzky
Y lo que me inquieta aún más es que a veces parece que ni siquiera somos conscientes del retraso. Que damos por sentado que la escuela es como debe ser, porque siempre ha sido así. Que si un niño saca buenas notas, va bien, sin importar si esas notas reflejan habilidades útiles para el mundo real o simplemente su capacidad para adaptarse a un sistema anticuado.
El mundo está pidiendo pensamiento crítico, capacidad de adaptación, habilidades digitales, colaboración, creatividad. Y en muchos casos, seguimos enseñando para memorizar, para repetir, para cumplir con contenidos que ya no tienen sentido.
¿De qué sirve enseñar algo que Google responde mejor en dos segundos? ¿Por qué no estamos enseñando a nuestros hijos a hacerse las preguntas correctas en lugar de darles respuestas prefabricadas?
También me inquieta la brecha entre los niños que tienen acceso a contenidos, tecnología, oportunidades y entornos que fomentan el aprendizaje del siglo XXI, y los que no. Porque mientras algunos avanzan con herramientas del futuro, otros siguen atrapados en un sistema que apenas se ha movido desde el siglo pasado. Y esa diferencia no solo es académica, es social, es emocional, es una cuestión de equidad.
No se trata de eliminar la escuela. Ni de despreciarla. Se trata de cuestionarla. De empujarla hacia adelante. De ayudarla a evolucionar. Y mientras eso ocurre —porque va a ocurrir, aunque sea despacio—, nosotros como padres no podemos quedarnos de brazos cruzados. Porque el tiempo que nuestros hijos pasan esperando que el sistema se actualice es tiempo que podríamos estar usando para abrirles nuevas puertas, para mostrarles lo que hay más allá del aula tradicional.
Quizá el mayor error que podríamos cometer es asumir que porque un niño va al colegio, ya está aprendiendo lo que necesita. Porque si el mundo cambia a esta velocidad, la verdadera educación no puede depender exclusivamente de una institución que aún no ha pisado el acelerador.
Y no se trata solo de aprender a programar. Ojalá fuera así de sencillo. Se trata de aprender a pensar de forma crítica, de saber adaptarse, de trabajar con otros, de entender cómo funciona el mundo digital y cómo les va a afectar cada vez más. Y también, y esto es clave, de desarrollar una base emocional fuerte, para que no se pierdan entre tanta sobreinformación y presión constante.
Me preocupa también que nuestros hijos crezcan creyendo que no pueden competir. Que no pueden estar a la altura de un mundo que cambia cada semana. Que se sientan pequeños, inseguros, desconectados. Por eso quiero que vea que no se trata de saberlo todo. Se trata de estar dispuesto a aprender siempre. De tener curiosidad. De atreverse.
Y como padre, me toca también dar ejemplo. Mostrarle que yo también aprendo. Que yo también tengo miedo, pero que actúo. Que no tengo todas las respuestas, pero busco, pruebo, me equivoco, y sigo adelante.
¿Cómo podemos prepararnos para ésto?
O mejor dicho, ¿cómo podemos preparar a nuestros hijos para enfrentarse a lo que viene?
Son ellos quienes van a verse más afectados por todos los cambios. Son ellos quienes probablemente trabajen en empleos que ahora mismo no existen. Son ellos quienes tendrán que utilizar herramientas que todavía no se han desarrollado. Son ellos quienes usarán la tecnología de forma totalmente diferente a como la usamos nosotros, sus padres.
Los empleos cambiarán. La sociedad cambiará. La forma de relacionarnos cambiará. No sabemos lo que vendrá pero lo que si creo firmemente es que la tecnología jugará un papel crucial. Y si la tecnología es cada vez más importante, nuestros hijos tendrán que estar cada vez más preparados para adaptarse a los cambios.
¿Cuál es la mejor forma de prepararlos? Sinceramente no lo se.
¿Cuál es la peor forma de prepararlos? No hacer nada y confiar en qué los colegios, escuelas e institutos les ofrezcan una formación tecnológica que les permitan estar preparados para lo que viene.
Cómo esto es justo lo que no quiero para mi hijo, juntos dedicamos parte de nuestro tiempo libre a aprender sobre tecnología mediante juegos que le ayuden a prepararse para el futuro. Quiero despertar su curiosidad y mostrarle las enormes posibilidades que existen y que la mayoría de niños desconocen.
Empieza con lo que tienes
Esto no consiste en encerrarme 2 horas al día y diseñar un plan de estudios perfecto. Quiero empezar con lo que tengo. No necesito que se convierta en un genio tecnológico. Quiero que entienda el mundo en el que va a vivir. Que no le tenga miedo. Que sepa que no todo está escrito, y que él también puede construir el futuro. Que la tecnología no es solo consumir, sino también crear. Inventar. Resolver. Imaginar.
Y no hace falta empezar con grandes recursos o ideas complejas. A veces basta con sentarse juntos frente al ordenador y ver cómo funciona una app. O ver un documental sobre inteligencia artificial y comentarlo. O simplemente preguntarle: "¿Qué cosas usarás tú de mayor que hoy no existen?". Esa pregunta sola puede abrir una conversación increíble.
Tal vez proponerle pequeños retos tecnológicos como crear una historia interactiva con Twine, desarrollar algo juntos con Scratch, grabar un podcast sobre su tema favorito, o construir algo en Minecraft que resuelva un problema del mundo real. También podemos enseñarle cómo proteger su privacidad, cómo identificar noticias falsas o cómo usar una IA de forma ética. Todo esto forma parte de su educación digital.
Lo importante no es el resultado, sino el proceso. No se trata de que lo haga perfecto, sino de que sepa que puede hacerlo. Que experimente. Que explore. Que tenga permiso para equivocarse y volver a intentarlo. Y que sepa que estamos ahí, acompañando, no evaluando.
Tampoco se trata de estar siempre encima. A veces lo más valioso es dar espacio. Dejar que investigue por su cuenta. Observar desde lejos y estar disponibles cuando pregunte. Enseñarle a buscar soluciones, no a esperar instrucciones.



