¿Tiene sentido que nuestros hijos aprendan a programar?
Lo que todo padre debería preguntarse en la era de la inteligencia artificial

Luis Rollón
Mar 12, 2025
Tiempo de lectura: 5 mins

1. Introducción: La paradoja de 2025
Ya está decidido. Cada semana, mi hijo Marco y yo avanzaremos en su formación en tecnología. Perfecto. Genial. Maravilloso. Y ahora… ¿por dónde empiezo?
Me gustaría que mi hijo entendiera que el primer paso en cualquier proyecto es definir correctamente el posible problema a solucionar. Que lo importante no es la tecnología, sino quién va a usar esa tecnología. Que las ideas no valen nada y que lo importante es la ejecución. Me gustaría que a medio/largo plazo fuera capaz de crear productos tecnológicos por su cuenta.
Pero antes de todo esto tengo que pensar grandes categorías de conocimiento que deberían estar incluidas en este plan:
Diseño digital
Inteligencia artificial
Tecnologías web
Robótica
Electrónica
…
¿Y la programación? ¿Qué pasa con la programación? Durante años nos han repetido que programar era una de las habilidades más valiosas del siglo XXI. Una especie de superpoder para quienes querían entender y construir el mundo digital que nos rodea. Y sin embargo, aquí estamos en 2025, con modelos de inteligencia artificial que escriben código mejor, más rápido y con menos errores que muchos humanos. ¿Tiene sentido entonces aprender a programar en un mundo donde la IA lo hace por nosotros?
Esta es una de esas preguntas que divide opiniones. Hay quien dice que programar ya no es necesario, que lo importante ahora es saber pedirle las cosas a una IA. Otros insisten en que entender cómo se crea el software sigue siendo tan o más relevante que nunca.
La paradoja está servida: ¿seguimos enseñando a programar… o empezamos a enseñar a no necesitar programar?
2. ¿Qué ha cambiado con la inteligencia artificial?
La irrupción de modelos como ChatGPT, GitHub Copilot o Claude ha cambiado por completo el panorama. Hoy puedes describir una idea en lenguaje natural y obtener código funcional en cuestión de segundos. Y esto, que suena a ciencia ficción, ya es una realidad en el día a día de millones de personas.
Lo que antes requería años de formación, ahora está al alcance de cualquiera con conexión a internet y una mínima capacidad de formular bien una petición.
Esto ha hecho que muchos se pregunten si realmente tiene sentido invertir tiempo y esfuerzo en aprender a programar “desde cero”. Al fin y al cabo, ¿aprenderías a usar un destornillador si ya tienes una máquina que construye muebles por ti?
Pero también han surgido nuevas necesidades: saber evaluar lo que genera la IA, entender por qué algo no funciona, ser capaz de adaptar lo generado a un contexto concreto… y sobre todo, mantener el control sobre lo que creamos. La IA es potente, sí, pero sigue siendo una herramienta, no un sustituto del pensamiento humano.
Además, ha cambiado la relación que tenemos con el conocimiento técnico. Antes, programar era una barrera que separaba a los "expertos" del resto. Ahora, cualquier persona con una buena idea y la capacidad de explicarla puede construir un prototipo. La IA democratiza la creación tecnológica, pero al mismo tiempo plantea nuevos retos sobre quién tiene realmente el control de lo que se construye.
También ha cambiado el ritmo. Lo que antes llevaba semanas o meses, ahora se puede hacer en horas. Esto no solo impacta la productividad, sino también la forma en que aprendemos: la inmediatez puede hacernos olvidar que entender sigue siendo importante. Saber que algo funciona no es lo mismo que saber por qué funciona.
Y por último, la IA no es infalible. Se equivoca. Mucho. A veces en cosas pequeñas, otras en errores críticos. Por eso, quienes entienden los fundamentos de la programación están mejor preparados para corregir, ajustar, o incluso rechazar lo que la IA propone. En ese sentido, más que eliminar la necesidad de saber programar, la IA la está redefiniendo: ya no es solo escribir código, es saber pensar en código.
3. ¿Qué dicen los que saben de esto?
Mark Zuckerberg, Sam Altman, Elon Musk, Dario Amodei, Jensen Huang… ellos son los que están cambiando nuestro mundo. Por tanto ellos deberían decir algo al respecto. Y vaya si lo están diciendo. Aquí tienes algunas de las opiniones de las grandes figuras de la tecnología sobre si en la época en la que estamos deberíamos aprender a programar o no.
Opiniones en contra de aprender a programar
“Llegaremos a un punto en el que todo el código de nuestras aplicaciones será escrito por la IA, no por ingenieros humanos. Y esto probablemente ocurrirá en 2025”. - Mark Zuckerberg
“La IA escribirá el 90% del código en los próximos seis meses y en un año lo hará prácticamente todo”. - Dario Amodei (CEO de Anthropic)
“Es casi exactamente lo contrario de lo que se ha dicho estos años. Nuestro trabajo es crear tecnología informática que haga que nadie tenga que programar. El lenguaje de programación será el lenguaje humano. Todo el mundo es ahora un programador”. - Jensen Huang (CEO de Nvidia)
Opiniones a favor de aprender a programar
“Cada niño debería aprender a programar, como se enseña matemáticas o física”. - Thomas Dohmke (CEO de GitHub)
“Una calculadora multiplica más rápido que cualquier humano. Aun así jamás se me ocurriría decirle a alguien que no aprenda a multiplicar. Si quieres entender cómo funciona la multiplicación, tienes que jugar con los números. Lo mismo con la programación: necesitas comprender sus fundamentos, aunque la IA te ayude con tareas específicas”. - Bill Gates
"Deberías seguir aprendiendo a programar porque aprender a programar, literalmente, te hace más inteligente". - Jared Friedman (Y Combinator)
"Entender cómo funcionan las cosas por debajo del capó sigue siendo crucial". - Guillermo Rauch (CEO de Vercel)
4. ¿Qué sigue teniendo valor en aprender a programar?
Todavía recuerdo mi primer año de carrera en la universidad.
Asignatura: Fundamentos de Programación
Profesora: Ana Fermoso (Una de las mejores que tuve)
En una de sus primeras clases entró por la puerta, no dijo nada, fue directa a la pizarra y escribió una frase. Una frase que he aplicado cientos de veces tanto dentro como fuera de la programación. Una frase que no voy a olvidar en mi vida porque es lo primero que me viene a la cabeza cuando tengo que enfrentarme a cualquier problema/reto en mi día a día:
- Divide y vencerás
Esta frase, aunque no está claro su origen, se le atribuye a Julio César. En su momento tenía una intención más política y militar pero en un contexto diferente, como la resolución de un problema, tiene un valor enorme.
Siempre que te enfrentes a cualquier problema/tarea compleja, debes descomponerlo en partes más simples. En programación esto hace referencia a la modularidad pero puede aplicarse a cualquier ámbito de nuestra vida.
De hecho, hay otra frase bastante famosa que viene a decir lo mismo:
“Nada es particularmente difícil si lo divides en pequeñas tareas”. - Henry Ford
Este es un gran ejemplo de cómo los fundamentos de la programación sirven no solo para aprender a escribir código.
Aprender a programar te enseñará:
A descomponer problemas complejos en partes simples
A comunicarte con claridad
A pensar en términos de lógica, estructura, consecuencias
A superar la frustración
A ser preciso
A ser paciente
A ser creativo
Además, programar te da poder. El poder de crear, de experimentar, de automatizar. Aunque la IA escriba código, quien controla el contexto, la intención y el objetivo sigues siendo tú. Y cuanto más entiendas del proceso, más control tienes.
También hay un valor emocional en programar. Resolver un problema, hacer que algo funcione, ver tu idea materializarse en pantalla, es profundamente satisfactorio. Programar entrena la paciencia, la perseverancia, la tolerancia al error. Aprender a depurar es, en parte, aprender a pensar mejor.
Y desde una perspectiva educativa, la programación puede servir como puente entre muchas disciplinas: matemáticas, arte, ciencia, literatura. Puedes escribir un poema interactivo, simular un sistema ecológico, crear una app que ayude a tu comunidad. Es una herramienta transversal, que conecta pensamiento abstracto con aplicación práctica.
Programar también ayuda a entender el presente y anticipar el futuro. Cuando sabes programar, puedes cuestionar mejor cómo funcionan las plataformas que usas a diario. Puedes detectar sesgos, inconsistencias, riesgos. Y puedes decidir si quieres ser un usuario pasivo o un creador activo en el mundo digital.
5. Programar en 2025: ¿para todos o solo para algunos?
Quizá la pregunta no sea si todos deben aprender a programar, sino para qué. Hay quien lo hará para dedicarse profesionalmente a ello. Otros para construir sus propias herramientas. Otros para simplemente entender mejor el mundo en el que viven. El contexto importa: no es lo mismo aprender a programar en un entorno rural que en una startup de Silicon Valley. Pero en ambos casos, puede ser útil.
En las escuelas, tiene sentido enseñar fundamentos de programación como una forma de pensamiento. Igual que enseñamos geometría no porque todos vayan a ser arquitectos, sino porque enseña a pensar en el espacio. O música, no para formar profesionales, sino para cultivar sensibilidad, oído y atención.
La programación en 2025 no debería imponerse como obligación universal, pero sí ofrecerse como una opción accesible, adaptada y significativa. No para que todos sean programadores, sino para que nadie quede excluido de una conversación que afecta cada aspecto de nuestras vidas.
También hay que aceptar que no todos se engancharán igual. Y está bien. Algunos niños verán en el código una forma de expresión, otros preferirán crear con imágenes, con palabras o con ideas. Lo importante es que tengan la posibilidad de explorar ese lenguaje y decidir si quieren hablarlo con fluidez o simplemente entenderlo.
Y si lo entendemos como una forma de entrenar la mente, entonces sí: programar puede ser para todos. Porque más allá del código, lo que importa es el tipo de mente que entrenamos al enfrentarnos a problemas tecnológicos con herramientas tecnológicas.
6. Un nuevo enfoque: aprender a programar con IA
La aparición de herramientas de IA no debería verse como una amenaza a la enseñanza de la programación, sino como una oportunidad de transformarla. Aprender a programar con IA es como aprender a escribir con un buen editor al lado. Corrige, sugiere, explica. Te ayuda a aprender más rápido y con más motivación.
Podemos imaginar entornos donde los niños y jóvenes aprenden a construir juegos, aplicaciones o simulaciones ayudados por una IA que les va explicando conceptos, mostrando ejemplos, resolviendo errores. El aprendizaje se vuelve más personalizado, más práctico, más conectado con la realidad.
Ya no se trata solo de escribir líneas de código, sino de tener ideas, probarlas, pulirlas, compartirlas. Y ahí, la IA se convierte en un copiloto, no en un sustituto.
Además, trabajar con IA permite introducir desde el principio un enfoque más colaborativo. No se trata de memorizar comandos, sino de saber comunicarse con una máquina, de saber formular bien un problema, evaluar una respuesta, refinar una solución. Es como tener un compañero de equipo que responde al instante, pero necesita que le hables con claridad.
También cambia la relación con el error. En lugar de frustrarse por una pantalla en blanco o un mensaje críptico, el aprendiz recibe orientación inmediata. "¿Qué hice mal? ¿Cómo lo puedo arreglar?" La IA se convierte en un tutor disponible 24/7 que fomenta la autonomía, no la dependencia.
Y esto abre la puerta a un aprendizaje más inclusivo. Personas que antes se sentían intimidadas por la programación pueden acercarse ahora con más confianza. La barrera de entrada baja, y con ella se amplía el espectro de mentes creativas capaces de usar la tecnología como medio de expresión.
En resumen, aprender a programar con IA no significa aprender menos. Significa aprender mejor. Más acompañado, más ágil, más orientado a la comprensión y la experimentación que a la repetición mecánica.
7. Conclusión: No se trata de código, se trata de aprender a pensar
No creo que estemos ante el final de la programación tal como la conocemos. Creo que realmente estamos redefiniendo lo que significa “saber programar”. El valor ya no está en picar código sino en saber qué debe hacer ese código, para quién, y cómo integrarlo en el mundo real.
Tal vez no todos tengamos que saber escribir algoritmos complejos. Pero sí deberíamos entender lo suficiente como para no quedar fuera de la conversación. Porque quien no entiende cómo se construye la tecnología, corre el riesgo de ser dirigido por ella.
Programar sigue siendo útil. Pero más que eso, sigue siendo formativo. Porque en un mundo lleno de incertidumbre tecnológica, la mejor herramienta que podemos cultivar es una mente clara, curiosa y capaz de construir. Y programar, con o sin IA, sigue siendo una excelente forma de entrenarla.
Yo ya he decidido incluir la programación en el plan que seguiré con Marco. No porque quiera que sea programador, sino porque quiero que piense, cuestione y cree. No se si lo haré bien. Solo sé que no quiero quedarme de brazos cruzados mientras el mundo cambia y mi hijo se queda atrás.
¿Y tú? ¿Qué camino vas a ofrecerle a tus hijos en un mundo que se reinventa cada día?



